Un año más, la aventura del soplao nos llamó a la puerta y hasta Cabezón de la Sal nos dirigimos el viernes, bien cargados de equipaje, preparados para lo que sería el auténtico infierno.
Llevábamos varios días preocupados por la climatología, y nos presagiaba que sin duda nos mojaríamos. Tras la reunión de todo el grupo, buena cena de pasta, y a descansar temprano para madrugar y llegar lo antes posible a la linea de salida.
En la salida, después de despedir a nuestro élite, y dejarlo en las primeras posiciones, nos dirigimos hasta la cola del pelotón, nos encontramos con Rafa Alcorta, un exfutbolista reconvertido a Biker.
Salimos a las 8 de la mañana, y tardamos en salir 15 minutos por la linea de salida,entre los aplausos de la multitud que se agolpaba a los bordes de las calles y caminos,
Al tran tran, reservones , pero recuperando posiciones subimos la Hermita de San Antonio, tras 20 km llegamos a Cabiedes, el atasco en la cocina monumental, barro y lluvia, hacían imposible subir montado hasta casi la mitad de la subida, coronamos el soplao y descenso por un barrizal que nos dejó llenos de barro a los ciclistas, al llegar a la localidad de Celis los lugareños nos lavaron las bicis y nos dieron papel para limpiar el rostro desencajado y tiznado de barro. Desde aquí podemos decir que el infierno existe, el frío y la lluvia nos castigan, llegamos a Puerto Nansa, ascendemos el monteAA, descenso peligroso, y avituallamiento a los pies del Puerto del Moral. Alli Carlos decide retirarse porque no podía con el frío, otro año será.
Coronado el Moral, en las primeras posiciones aparece David entre la niebla, y en 7ª posición, sin duda fue una gran alegría para todos, pues por la diferencia que llevaba a sus perseguidores, era difícil, salvo percance, que le fuesen a coger hasta la linea de llegada.
En el Moral nos dieron la noticia de que la organización había decidido acortar el recorrido 40 km. por los estragos de la climatología. Las hiportermias hacían escabechinas, esto es el infierno del norte, ese que tanto nos seduce a todos los que año tras año acudimos a la prueba.
Al final todos llegamos a Cabezón sin problemas, eso si con mucho frío.
Ya por la noche recuperados del frío, una buena parrilla, buena cerveza, buena tertulia, y a contar las penalidades pasadas, y sobre todo la hazaña de haber acabado el soplao.
El Domingo buena paella para celebrar la próxima boda de Alvaro, y regreso a ver a la Famili.
Esto es todo, y hasta el siguiente SOPLAO.





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